La tolerancia: ¡Me cae gordo!

¡Es que no lo paso!

¡Me cae gordo!

¡Le tengo rabia!

¡No lo soporto!

Frases como esa podrían salir de nuestros labios, o estar en nuestra mente, si en nuestro corazón no toleramos a alguna persona.

En la época de Jesús abundaban la intolerancia y el prejuicio.
Por ejemplo,

1.- Los judíos y los samaritanos se odiaban (Juan 4:9).
2.- Era abominable que un varón judío se acercara a un extranjero (hechos 10:28)
3.- Las mujeres eran inferiores a los hombres. Y, para colmo,
4.- Los líderes religiosos judíos despreciaban a la gente común (Juan 7:49).

Sin embargo, Jesucristo era un hombre completamente diferente. De hecho, sus enemigos lo criticaban diciendo: “Este hombre recibe con gusto a pecadores, y come con ellos” (Lucas 15:2).

Jesús era amable, paciente y tolerante; no juzgaba a la gente sino que quería ayudarla a conocer a Dios. Todo lo que hacía, lo hacía porque amaba a las personas.

Colosenses 10:10 señala:
…Habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo…
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
¡No lo pasas! Amalo, ayúdalo, ora por él, pídele a Dios que lo bendiga, preocúpate por él (o por ella) y te darás cuenta que cada persona tiene una guerra diferente por la que está luchando, quizás por eso te trata así, quizás no es escuchado en su casa y necesita ser escuchado, a lo mejor a eso se debe su actitud. ¿Qué debes hacer? Cumplir los versículos que te deje anteriormente de Colosenses 10.

Y por sobre todas las cosas que reine el amor.

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